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de
Amistad
Por Diccionario Staff |
Lo primero que supimos de
Diccionario fue que sería un acto de amistad. Una manera de manifestar
una amistad que en un momento nos exigió rebasar la intimidad. La
primera necesidad
de Diccionario fue la de una traducción. ¿Cómo
se traduce una amistad al lenguaje de un proyecto editorial?
Lo primero que supimos de Diccionario fue, entonces, su dimensión
política. Diccionario no es una revista que hable
de política de acuerdo a lo que el sentido común dicta que
es “hablar de política”.
En un sentido tradicional, no se trata de una publicación eminentemente
política.
Pero sí lo es.
Y no sólo porque toda publicación es política. Diccionario
es una publicación política aun más allá de
la fatalidad política de toda palabra: es una publicación
política en tanto su funcionamiento pone en juego dimensiones políticas
de la relación con los otros: es una revista que nace de la amistad,
que propone una amistad, y que vive en –y vive de- un sentido de la
hospitalidad: Diccionario invita, es un país abierto, un lugar que
hospeda y al mismo tiempo –inevitablemente- habita en la obra de sus
huéspedes.
El acento político de Diccionario es ése: los tipos de relación
con los otros que propone, que recibe, que despliega, las maneras de relacionarse
con los otros a las que también se adapta: cada huésped dispone
sus propias reglas, sus propios modos. La política de Diccionario,
su política de edición, de producción, de publicación,
y también en última instancia el significado político
que puede tener la revista en sus trayectos de lecturas, tiene que
ver, entonces con el riesgo.
No hay amistad sin riesgo, y tampoco hay auténtica hospitalidad sin
él: y ese riesgo es la estructura de Diccionario.
¿De qué hablamos?
De que Diccionario intenta traducir una amistad íntima,
convertir una amistad en un proyecto colectivo: de la revolución
política que supone la amistad desde que Derrida hiciera foco en
la parodia nietzcheana “Oh enemigos, no hay ningún enemigo”,
de esa revolución política que supone pensar de otra manera
la relación con el otro e imaginar posibilidades inimaginables, se
nutre Diccionario.
Tampoco hay revoluciones sin riesgo. Nuestra revista es riesgosa, y por
eso es un acto de amistad, y por eso mismo es un acto político. Queremos
mostrar que hay otras posibilidades de
relación entre editores y artistas, entre periodistas y artistas,
entre artistas y artistas. Que se puede trabajar de otra manera.
Queremos decir que es posible: ¿Por qué nos parece importante
decir que algo es posible? Porque el contexto está desencantado,
decepcionado.
Porque la posibilidad, en una ciudad estampada con el sello gris de la imposibilidad,
es una revolución política.
Los seis integrantes del equipo de producción editorial de Diccionario
crecimos en una ciudad de imposibles, y de maneras muy concretas hemos experimentado
los cimientos de esa imposibilidad: hacer algo en Córdoba, desde
la intemperie y el despojo que resulta de la independencia, tiene siempre
el espíritu quijotesco de los actos de coraje. En ese punto, Diccionario
quiere, pretende ser un discurso político: una disidencia. No sólo
en el campo de las publicaciones la amistad y la hospitalidad pueden ser
dimensiones de disidencia política, claro, pero en este campo tan
particular, tan vapuleado por su tradición de emprendimientos hundidos
y también por su tradición
de emprendimientos exitosos, que imponen un modelo de producción
hegemónico basado en el intercambio de valores y servicios, en este
campo tan particular de las publicaciones cordobesas,
la amistad y la hospitalidad, son dimensiones revolucionarias.
No queremos cambiar la manera de publicar literatura en Córdoba,
pero sí demostrar que no hay una sola. O sólo dos. O sólo
tres. A partir de una experiencia de la amistad, de una experiencia de traducción
de la amistad en una experiencia de hospitalidad, Diccionario despliega
la posibilidad de una política de publicación que cambie las
relaciones entre obra y medio de difusión, y que cambie incluso la
relación entre medio y difusión.
En ese punto vuelve la amistad a ser una política de edición:
lo que queremos es en última instancia decir algo sobre la amistad,
y lo que decimos de la amistad debe ser un acto de amistad.
Lo que se dice sobre el amor debe ser un acto de amor.
Es un acto violento, claro, un acto que no escapa a «esa extraña
violencia que, desde siempre, se ha insinuado en el origen de las experiencias
más inocentes de la amistad o de la justicia», porque también
el riesgo es violento, porque elegir es violento: y nosotros elegimos. Todo
el juego de Diccionario es un juego de elecciones, un juego que replica
los mecanismos de elección de la amistad: elegimos quienes serán
nuestros amigos.
Por eso en el texto inaugural, en el torpe texto inaugural de Diccionario,
hablé de la libertad:
Si hay algo por lo que debemos pelear, es por la libertad:
la elección de ese manifiesto es un acto político, algo que
la revis ta dice en el contexto de las publicaciones de arte en Córdoba.
Algo que no se estaba diciendo. O por lo menos algo sobre lo
que no se estaba focalizando: la libertad no es un motivo de moda. Elegimos
hacer una revista, elegimos con quién hacerla, hacemos de esa elección
un tema, un manifiesto.
El siguiente paso en la cadena de Diccionario también
tiene que ver con la política, con la dimensión política
de la palabra hospitalidad:
En la reflexión en torno de la hospitalidad Emmanuel Levinas cifraba
la necesidad de pensar la relación con el otro y por lo tanto la
de pensar la subjetividad:
Como sucede con cada uno de nosotros, si Diccionario tiene
una subjetividad, si se constituye como sujeto, si es, esa subjetividad,
esa entidad, no puede ser sino hospitalidad: Diccionario
es anfitrión, y es, por definición, huésped. Recibe
obras, y vive en esas obras. En ese punto Diccionario es un discurso político
sobre la hospitalidad, que pretende, insisto, demostrar que es posible establecer
otras relaciones entre los actores del campo artístico y los actores
del campo editorial: como no hay condiciones, Diccionario pretende ser un
lugar de algo más próximo a una
hospitalidad absoluta.
Una revista no se hace así: tradicionalmente una revista elije lo
que va a publicar. Diccionario no: nuestra revista publica
lo que el artista decida publicar, sin condicionamientos de espacio ni
tema, ni técnica.
Lo que irrumpe en Diccionario es un cambio de reglas: es
un juego, es un discurso sobre la libertad que no puede ser otra cosa que
un acto de libertad.
Expliquemos: Diccionario invita a 29 artistas y les dice
tenés una letra, tenés uno, dos, tres meses, no tenés
límites despacio, no tenés condicionamientos temáticos,
no tenés una obligación
técnica. Hay condiciones obvias: la obra de arte debe tener por lo
menos una instancia de manifestación en papel, claro. Y no publicamos
novelas. El resto es libertad.
En ese sentido, me animo a decir que Diccionario es una
revista política, no coyuntural, pero sí política.
Si desde hace por lo menos 40 años cuando hablamos de arte hablamos
de situaciones de desamparo, de despojo, proponer alojamiento, proponer
invitaciones, escribir una palabra hospitalaria ¿no es una respuesta
política? Asumirnos huéspedes de lo que hay, de los otros,
¿no es una respuesta política?
Claro, si acaso ese riesgo inherente a un sentido positivo de la hospitalidad
es la virtud de Diccionario, esa es también su debilidad.
Es que el riesgo es siempre una multiplicidad de posibilidades, y Diccionario
juega siempre con la posibilidad de que el resultado de la invitación
no esté en sintonía con el resto de la revista, por ejemplo,
o de que el resultado de la invitación sea una obra poco interesante,
e incluso con la posibilidad de que el resultado de la invitación
sea una destrucción de la revista: en tanto se trata de un proyecto
sin proyecto, de un proyecto
hecho de muchos proyectos, de una obra sin obra, hecha de por lo menos 29
obras –en cada edición-, Diccionario asume
el riesgo de que lo real la destruya.
Si el panorama hacia el que Diccionario se abre es un panorama
pobre, Diccionario morirá. Como se trata de una
apertura a lo que está pasando, de lo que esté pasando dependerá
el futuro
de Diccionario.
Concluyo con lo que me entusiasma de esta revista.
En la ciudad de los imposibles, la política de Diccionario es la
posibilidad. En el campo de las
reglas, la política de Diccionario es la ausencia de reglas. En el
mundo de los enemigos, la política
de Diccionario es la de los amigos. En la intemperie, la politica de Diccionario
es una invitación. |
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Imagen:
Tapa de Diccionario Revista de Letras
Periódo: Publicación Trimestral
| Año: 2 - N'º 5
Origen: Córdoba, Argentina. Primavera
2008
Registro: Propiedad Intelectual N'º 607116
ISSN: 1851 - 2534 |
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