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¿Qué
significa ser humano, hoy?
A mediados del siglo XX, la teoría literaria vivió
un animado debate en torno el concepto de realismo. La especulación
teórica se bifurcó alrededor de dos formas de
entender el realismo que cuestionaban
cómo la lengua podía llegar a provocar una cierta
ilusión de realidad. El modelo más canónigo
proponía un realismo basado en una confianza absoluta
en la relación que el escritor establece con sus referentes
del mundo físico. La realidad exterior es filtrada
gracias a la observación del creador y es descrita
en el texto con gran fidelidad. En la tradición establecida
por este modelo, que encontró su punto de partida en
los debates que el teórico húngaro György
Luckács estableció desde la doctrina marxista,
el realismo
es considerado como un método artístico útil
para interrogar el mundo, para comprender su funcionamiento
y para conocer el desarrollo de las cosas 1.
Este modelo cree en el poder de la construcción literaria
para llegar a proporcionar una visión completa y meticulosa
de los flujos que marcan la realidad social. Luckács
y sus seguidores no negaban que la escritura de la realidad
era el resultado de una serie de convenciones y que el lenguaje
a lo máximo que podía aspirar era a ofrecer
una ilusión de realidad. No obstante, consideraban
esencial entender el arte como un método de búsqueda
de la verdad del mundo, una verdad que debía ser difundida
y, al mismo tiempo, cuestionada.
La contrapartida a este modelo fue el realismo formal que
partía de la idea de que la esencia de toda obra literaria
es su literalidad. Del mismo modo que toda obra pictórica
introduce la materialidad del color, la literatura introduce
la palabra como valor específico del medio. Según
algunos teóricos, entre los que cabe destacar los trabajos
fundacionales de Roman Jakobson, es la obra la que instituye
una realidad desconectada del mundo, la que constituye su
propia realidad textual. Jakobson denunció el deseo
de verosimilitud de una determinada literatura obsesionada
en la construcción de la realidad a partir de la retórica.
No existía ninguna verosimilitud del contenido en un
texto, sólo existía su condición de dispositivo
formal. Esta idea fue reelaborada por Roland Barthes para
quién todo lo que pasa en un relato literario no es
más que lenguaje, ya que la literatura tiene auténtica
autonomía frente a la realidad. Para generar una cierta
verosimilitud del referente, la literatura creaba efectos
de realidad. Antoine Compagnon considera
que este modelo de realismo, que acusó de ilusionismo
a los modelos precedentes del siglo XIX, llevó a cabo
un rechazo de la dimensión expresiva y referencial.
Este rechazo se ha convertido en un problema que ha caracterizado
todo la estética moderna, más concentrada en
el médium que en toda la forma 2.
La metáfora de la transparencia que ha condicionado
toda la historia del realismo acabó siendo denostada
y el relato dejó de ser ese espejo que el escritor
pasea a lo largo del camino, que había sido reivindicado
por Stendhal en un epígrafe de Le rouge et le noir.
Lo que constituía el mundo era el lenguaje. La constatación
de este hecho también marcó el debate filosófico
del siglo XX, desde Wittgenstein hasta Jacques Derrida.
Al cuestionarnos cuál puede ser la actualidad de estos
debates surgidos de la literatura y adoptados en el mundo
del arte, resulta interesante intentar preguntarse también
cuál fue el lugar que en ellos ocupó un medio
de expresión como el cine, basado en la importancia
de la reproductibilidad como huella del mundo. La fotografía
y el cine atravesaron el siglo XX, reproduciendo el mundo
físico de un modo automático, hasta acabar creando
una imagen analógica. En el cine, una serie de indicios
impresos en el celuloide revelan la existencia de una contigüidad
entre la cámara y el mundo físico situado frente
al objetivo 3. Este hecho resulta
determinante, sobretodo si tenemos en cuenta, tal como sostiene
Georges Didi Huberman que en la tradición artística,
la huella del mundo físico ha sido denostada 4.
Los moldes que utilizaban los escultores en el renacimiento
formaban parte del artesanado y no
podían ser considerados como objetos artísticos
porque el arte partía del deseo de creación,
de la construcción de formas, de la transformación
de la materia mediante la intervención del artista.
El reconocimiento del valor de esa imagen analógica
permitió a la literatura y a la pintura desprenderse
del mundo histórico. Este sólo aparecía
como una realidad persistente que había sido substituida
por otra realidad de carácter semiótico. En
cambio, en la fotografía y el cine, no es tan fácil
desprenderse del mundo referencial ya que este se halla registrado
en la propia materialidad de la obra. La reproductibilidad
del cine y de la fotografía puso en crisis la idea
clásica de representación substituyéndola
por la de registro y cambió la noción de realismo.
El debate establecido en la literatura adquirió otras
connotaciones en un medio en que el referente estaba impreso
en sus imágenes. En un texto convertido
en clásico, Erwin Panofsky consideraba que a diferencia
de las artes clásicas en las que la imagen se construía
desde la idea para proyectarla hacia una materia sin forma,
en el cine se creaba una visión materialista que ponía
el mundo físico en primer término. El material
del cine es la propia realidad y el medio organiza las cosas
y las personas mediante un proceso de puesta en escena, que
ordena y da forma a esa realidad 5.
El doble proceso de captura y creación o de registro
y expresividad es básico para entender la dinámica
del cinematógrafo y redefinir qué entendemos
por realismo cinematográfico.
Mientras la teoría literaria cuestionaba y demonizaba
el realismo, la doble condición del cine como registro
y como expresión proponía un nuevo y sugerente
debate sobre las formas de realismo en las artes. El modelo
ilusionista, que encontraba sus bases en la idea de ilusión
generada por la mímesis aristotélica, fue adoptado
por el cine clásico de Hollywood que buscó la
transparencia en el proceso de representación. En este
modelo el espectador entra en un mundo verosímil y
establece la identificación con un personaje. El acto
de creación de la forma cinematográfica es invisible.
El dispositivo fílmico nunca es desvelado porque es
necesario buscar una cierta identificación entre el
mundo representado y el mundo referencial. En el momento de
utilizar el concepto de realismo cinematográfico conviene
separar este modelo de realismo formal, basado en la transparencia
de la representación cuyo modelo
estructural se encuentra presente en la novela del XIX, de
otro modo de realismo en que la transparencia formal se pone
al servicio de una revalorización del mundo. Los diferentes
realismos que el cine ha establecido desde los años
del neorrealismo italiano consideran que la cámara
puede aprehender una realidad que es ambigua y que no posee
ningún significado simbólico intrínseco.
Esta realidad que ha servido de referente, puede ser mostrada
en bruto, puede ser integrada en un discurso documental que
pretenda establecer una reflexión sobre el mundo físico
o puede acabar dando lugar a una fuerte presencia de los efectos
de verdad en el interior de la ficción. En todos estos
casos, que han marcado el
legado de la modernidad cinematográfica, el realismo
deja de ser un aspecto puramente formal para acabar siendo
el reflejo de una actitud ética hacia la realidad.
Este hecho despierta un cierto sentimiento
de adhesión hacia un ideal imposible de verdad.
II
En la mayoría de discursos críticos que han
intentado clasificar las películas de Jean-Pierre y
Luc Dardenne, el término más utilizado es el
de realismo. El nombre de los hermanos cineastas suele aparecer
asociado a la emergencia, en el cine europeo, de una serie
de realismos que estallaron en la década de los noventa
y que, según los postulados prototípicos de
la posmodernidad, pretendían
demostrar que más allá de un mundo en que las
imágenes no cesan de remitir a otras imágenes,
existe otro realismo en que una cierta verdad del mundo puede
penetrar en las imágenes para acabar
mostrando la aprehensión de una cierta realidad. Este
modelo de cine rechazó el ilusionismo del cine clásico
para buscar, en el gesto de rehabilitación del referente,
esa dimensión ética de la imagen de la que carece
el mundo. Es un cine en el que de forma genérica, el
concepto de realismo equivale a un gesto de aproximación
a lo social, al dibujo de sus estructuras. Desde esta perspectiva,
el realismo de los Dardenne podría estar colocado al
mismo nivel que las exploraciones realistas llevadas a cabo
en los
noventa por cineastas como Ken Loach o Mike Leigh. El error
intrínseco en este tipo de apreciaciones consiste en
considerar que el horizonte establecido por el concepto de
realismo no es otro que el establecido por ese realismo literario
propuesto por la crítica marxista, por György
Luckas y sus seguidores. Un realismo en que la obra de arte
debe explorar las múltiples capas que constituyen
una sociedad, para conocer su funcionamiento, descubrir sus
desequilibrios e intentar concienciar al público para
superarlos. No obstante, las cosas no son tan simples y reducir
las películas de los Hermanos Dardenne al mismo modelo
de cine que Ken Loach es una forma de reduccionismo. Como
indicó Pier Paolo Pasolini <<no existe un realismo
que sea básico para todas las épocas. Cada época
tiene su propio realismo. Y esto es debido a que cada época
posee su propia ideología>>6.
Las películas realizadas por los hermanos Dardenne
entre La promesse (1997) y Le silence de Lorna
(2008) son hijas de una época concreta y de un modelo
de cine en que el acto de aprehensión de lo real no
se realiza de
forma transparente, ni ilusionista. ¿Cómo definir
la genealogía del cine de los Dardenne en relación
a su época y al realismo generado por su tiempo?
Para hallar una respuesta a esta cuestión podemos remitirnos
a la última secuencia del primer capítulo de
las Histoire(s) du cinéma, de Jean Luc Godard
titulado Toutes les Histoire(s). Después de
haber visto un cartel en que se nos advierte que es preciso
que cada ojo negocie por si mismo, un fundido encadenado enlaza
las imágenes del intertítulo con los ojos de
Giulietta Massina que interpreta el papel de Gelsomina en
La Strada (1954) de Federico Fellini con la imagen
del joven Edmund lanzándose al vacío en los
momentos finales de Germania, anno zero/Deutschland im
Jahre Null (1947). El contraste entre la imagen de un
suicidio y la de una mirada que busca en su observación
inocente el deseo de trascender simbólicamente el mundo,
nos dicen bastantes cosas sobre el modelo de realismo que
surge en la inmediata posguerra y sobre sus contradicciones
7. En su libro, L’image
temps, Gilles Deleuze
define el vagabundear de Edmund en la película de Rossellini
como un gesto decisivo para entender el paso de un modelo
de cine en que la ilusión se basaba en el movimiento
y que tenía como objetivo
dar respuesta a unos conflictos hacia un nuevo modelo de cine
en que las acciones ya no encuentran una repuesta, un cine
en que los seres en vez de reaccionar registran y en que en
vez de comprometerse
a una acción se abandonan a una visión
8. El cine de la modernidad surgido en los años
cincuenta es un cine en que se establece una especie de relación
de extranjería entre los seres y las cosas, porque
en la crisis humana en la que el mundo se ha sometido no ha
hecho más que crear lo que Serge Daney definió
en su momento como un régimen de no-reconciliación
política y estética 9.
Los cineastas filmaran la inevidencia del mundo porque los
vínculos entre el individuo y el entorno se han roto.
La fractura ha provocado que no exista una verdadera comunicación
entre uno mismo y los otros, entre nuestras acciones y nuestra
interioridad. Edmund, el niño que la ideología
ha convertido en monstruo,
se ha lanzado al vacío porque no ha encontrado ningún
atisbo posible de redención en el desolador paisaje
de una Europa en ruinas.
El cine de la modernidad es básicamente un cine de
la fractura y de la inevidencia y los hermanos Dardenne, como
cineastas de la modernidad, son herederos de este modelo.
En sus películas, cada
imagen parte de una tensión entre el acto de ver y
el acto de ocultar la realidad, por que no cesan de filmar
un mundo en absoluta desarmonía. La ciudad belga de
Sereign, situada en la banlieu de Liège, adquiere la
imagen de una especie de ciudad simbólica. Tras su
atmosfera gris y sus no-lugares deshumanizados emerge un sentimiento
de crisis, un mundo a la deriva enmarcado por la desarmonía
y la inevidencia entre los seres y las cosas. Sereign, ciudad
castigada en los años noventa por el cierre de sus
empresas
siderúrgicas, ejemplifica una serie de enfermedades
que la Europa actual arrastra como consecuencia de ese desencuentro.
Entre estas destacan la lucha por la supervivencia provocada
por la escasez de trabajo, los problemas de dinero, la desocupación,
el difícil acceso a la vivienda, el consumo de drogas,
la conversión de los seres humanos en simples mercancías,
el choque de intereses generado a partir de la explotación
de la inmigración y la lucha por encontrar la dignidad
enfrentándose a la exclusión. A diferencia de
los cineastas que consideran la ruptura con el entorno como
algo inevitable, los Dardenne siempre buscan en sus películas
las bases de una cierta esperanza. Es como si la mirada de
Gelsomina de La
Strada que intenta dar ilusión en un mundo sin sentido,
adquiriese toda su plenitud y algo surgiera desde el vacío
que rodea el mundo.
Frente al cine de la no reconciliación, el cine de
los Dardenne surge como un cine de la reconciliación.
Al final de Le fils, por ejemplo, Olivier –el
padre- debe aprender a convivir con sus heridas, debe aceptar
la proximidad del otro. Debe reconocer a Francis, el chico
del que quería vengarse porque es el asesino de su
hijo. Cuando los dos personajes luchan y forcejean en el bosque
después de que se haya revelado su mutua identidad,
la pulsión de venganza se resquebraja, alguna cosa
bascula. La reconciliación no aparece como una alternativa
de futuro, sino como la posibilidad de supervivencia. La reconciliación
surge de una revelación, de la presencia de una humanidad
que distorsiona el impulso de muerte y anula la
animalidad a la que los personajes están condenados.
No hay final feliz, porque la carga del gesto de reconciliación
es muy pesada, pero si que existe algo misterioso que ha permitido
que lo humano,
entendido desde una perspectiva claramente moral, triunfara
en un entorno sin Dios. <<Que signifie être humain
aujourd’hui?>> 10, se
pregunta Luc Dardenne en sus diarios. Descubrir la humanidad
en las situaciones concretas y extremas que la sociedad ha
construido actualmente es el gran reto del realismo de los
Hermanos Dardenne.
Las películas de los Hermanos Dardenne surgen del interior
de un nuevo modelo de cine que disecciona la realidad para
crear una nueva conciencia de lo humano. Es un cine que busca
la posibilidad de encontrar sentido al mundo, a partir de
un deseo de reconciliación entre los seres y su entorno
mediante la revelación de lo que podríamos definir
como una imagen justa. Todos estos factores convierten el
realismo de los Dardenne en un realismo complejo, construido
mediante una serie de cuerpos en movimiento que se desplazan
frente un paisaje eclipsado. En el transcurso de su trayecto,
algo acabará revelándose, pero esta revelación
no conducirá, como en el cine de Roberto Rossellini
o Robert Bresson hacia el espíritu, ni hacia el reconocimiento
del misterio, sino hacia el redescubrimiento de lo humano.
A lo largo de las numerosas entrevistas que los hermanos Dardenne
han concedido a partir de sus películas, estos no han
cesado de repetir que su cine ha querido mostrar la existencia
de un mundo sin Dios. Para Jean Pierre y Luc Dardenne, el
hecho de depurar la imagen de unos seres en tránsito
por un mundo social en crisis permanente tiene como principal
objetivo el deseo de llegar a consolidar una especie de gesto
de redención laica del que debe surgir una redefinición
de lo humano. Desde esta perspectiva, el realismo de los Dardenne
tendría como equivalente teórico cercano el
pensamiento establecido por Siegfried Kracauer en los años
cuarenta en su Teoría del cine, cuando consideraba
que el
cine y la fotografía preservan dentro de un presente
mundano los fenómenos temporales que fueron vividos
en el pasado. La capacidad del cine para capturar los fenómenos
que se integran en el
flujo del tiempo tendría el carácter de una
redención laica, ya que el cine no hacía más
que redimir la realidad física. Para Kracauer, la idea
laica de redención parte de un claro deseo de llegar
a salvar
los fenómenos insignificantes de la vida cotidiana
que configuran unas determinadas formas de visibilidad 11.
Gertrud Koch considera que para Kracauer el film funciona
como una especie de
fuerza demoledora en el ámbito del pensamiento, y que
rechaza la idea de un pensamiento sistemático frente
al mundo –en la línea de la tradición
ilustrada- para ocuparse de los pequeños fenómenos,
con el claro objetivo de <<conceder visibilidad a las
cosas reales>> 12. El objetivo
de Kracauer no es otro que el establecimiento de una poética
realista que intente buscar cohesión a un mundo descompuesto,
mientras se pregunta cómo el cine puede recomponer
el mundo físico. Al capturar las imágenes del
flujo de la vida, Kracauer cree que el cine es capaz de devolvernos
el auténtico sentido de la totalidad que el mundo ha
puesto en crisis. Este proceso lleva implícita la idea
de redención laica.
Los cuerpos individuales de Igor, Assita, Roger, Rosetta,
Riquet, Olivier, Francis, Bruno, Sonia, Claudy o Lorna que
cruzan toda la filmografía de los Hermanos Dardenne,
llenando la pantalla con unos
movimientos que desvelan unas historias subjetivas, constituyen
un intento de dar visibilidad a ese mundo en crisis que busca
la posibilidad de redimirse mediante el advenimiento de algún
gesto humano.
Luc Dardenne en su libro Au dos de nos images explica
perfectamente este ideario de búsqueda de la redención
laica:
<<Sans Dieu, nous serions capables de ne pas tuer mais
nous vivons encore sous la coupe du Dieu qui, parce que mort,
permettrait tout. Comment trouver ce qui serait infini dans
l’homme sans le secours de Dieu?
Filmer l’apparition de l’humain, capter le passage
de la bonté dans le simple commerce humain. Parfois
l’art peut précéder la vie>> 13.
El cine de los Dardenne está lleno de momentos de redención.
Como la secuencia de La Promesse, en que Igor decide
ayudar a Assita, la mujer cuyo marido ha muerto en el trabajo
clandestino. La humanidad también surge en el instante
en que Rosetta después de intentar asesinar a su madre
y suicidarse decide vivir mientras su cuerpo es rodeado por
la presencia de la moto Riquet, el joven al que ha traicionado.
El instante en que Olivier y Francis en Le fils cargan
los tablones de madera sabiendo perfectamente
quien es quien también hace patente todas las contradicciones
de lo humano, de un modo parecido al encuentro final en la
cárcel entre Bruno y Sonia en L’enfant.
A pesar de la brutalidad del mundo siempre hay un instante
para sentir algo diferente, como también nos revela
ese instante de amor entre Lorna y Claudie, el joven adicto
a las drogas. Todas estas secuencias nos muestran instantes
de reconciliación pero también instantes de
redención. El mundo puede adquirir sentido porque existe
una redención de lo
real mediante lo humano. La imagen adquiere su plenitud porque
es una imagen justa.
III
¿De qué modo el estilo nos puede ayudar a encontrar
la auténtica dimensión de esa imagen justa?
Para entender el realismo de los Dardenne nos puede resultar
significativa otra declaración realizada
por Luc Dardenne en sus diarios. En un momento determinado
utiliza una cita de André Bazin, sacada de su libro
sobre Jean Renoir, en la que el teórico francés
reconoce que la fuerza realista del cine de Renoir no reside
en el gesto de encuadrar la imagen, sino en su capacidad para
esconder el mundo mediante el marco. Renoir no pretende ofrecer
en sus películas un sentido general de la realidad.
El director observa lo real como si fuera un documento cifrado
del que es preciso extraer sus datos. Partiendo de estas
ideas, Luc Dardenne acaba constando:
<<Ne point tant encadrer l’image que cacher ses
alentours. Aller jusqu’à cacher l’image
elle-même, jusqu’à perdre le cadre deans
la matière. Que l’image devienne matière
à la recherche du cadre>>. 14
La reflexión elaborada por Luc Dardenne, a partir del
pensamiento de André Bazin, es fundamental para entender
la dimensión del realismo elaborado en los cinco largometrajes
que, hasta la fecha, marcan lo que podríamos definir
como el cine adulto de los Dardernne. A lo largo de su pensamiento
teórico Bazin considera que la realidad no es una situación
que la experiencia pueda aprehender, sino algo que emerge
y de lo que el sujeto participa esencialmente ya que la realidad
solo existe a partir de la experiencia.
La ambigüedad es para Bazin el atributo esencial de lo
real y constituye un valor de la consciencia, resultado de
las limitaciones humanas. Esta visión, marcada por
el influjo de la fenomenología,
será la que acabará conduciendo el cine hacia
una nueva dimensión del realismo capaz de desterrar
definitivamente, las influencias del positivismo y su obsesión
por construir una única verdad del
mundo. Mientras el cineasta tradicional convierte la realidad
empírica en una serie de signos que pretenden apuntar
una verdad estética y retórica, el realizador
realista nos acerca a los hechos filmados
buscando, en las marcas de lo visible, el auténtico
significado de las cosas.
Para los hermanos Dardenne, lo importante de la imagen no
son, los valores significantes que ésta añade
a la realidad, sino aquello que revela algo de la verdad de
las cosas. Para construir su teoría, Bazin buscó
en el cine de su época una serie de recursos técnicos,
como la profundidad de campo, que le ayudaron a conquistar
el sentimiento de verdad revelada. Los Dardenne llevan a cabo
esta inmersión a partir del estilo, convirtiendo el
cuerpo humano en el elemento nodal de una puesta en escena
marcadamente física. El cuerpo es el elemento que esconde
el marco exterior de las cosas. Con sus movimientos, los cuerpos
no cesan de cruzar el mundo y de descubrir sus tensiones.
El cuerpo esconde pero revela, ya que
el cuerpo se transforma en paisaje y es el elemento estilístico
que ayuda a describir todas las contradicciones y ambigüedades
del mundo. Una excelente cita del pintor Pierre Bonnard, transcrita
también en los diarios de Luc Dardenne, nos acaba proporcionando
una serie de pistas sobre este ejercicio de depuración
técnica. Bonnard cree que en el arte <<le problème
n’est pas de peindre la
vie, mais de faire une peinture vivante>>.
Los dos primeros largometrajes de los hermanos Dardenne –Falsch
(1997) y sobretodo Je Pense à vous (1992)
partieron de un modelo de realismo cuyo objetivo –o
utopía- era pintar la vida. A partir de La promesse
(1997), los cineastas descubrieron que la clave consistía
en como reflexionar sobre el estilo, en como establecer nuevos
ritmos y articular una nueva dimensión de la puesta
en escena para llegar a poder realizar una pintura viva. Si
tomamos como ejemplo Je pense à vous veremos
que en el planteamiento general del relato aparecen numerosos
indicios del cine de los hermanos Dardenne. La acción
transcurre en Sereing, ciudad que asiste al cierre de sus
industrias siderúrgicas y que ve como el
paro obrero marca el nuevo paisaje vital. El protagonista
Fabrice –Robin Renuncci- es un padre de familia a quien
la falta de trabajo le hace perder su estabilidad vital, que
se transforma en un ser degradado y que acaba buscando un
espacio de humanidad que le permita mantener su dignidad.
En el interior de la película podemos encontrar algunos
de los elementos básicos –o de las líneas
temáticas- que nos permiten entender el trabajo posterior
de los cineastas. Incluso podríamos decir, de una forma
muy esquemática, que Je pense à vous
se inserta dentro de una cierta corriente realista europea,
en la que determinadas historias individuales sirven de reflejo
a historias colectivas y en las que priva un sentimiento positivista
que en ningún momento se interroga sobre la verdadera
condición de lo real. Si vamos más allá
de estas premisas y nos preguntamos sobre cuál es el
auténtico modelo realista
que persiguen los cineastas, nos encontraremos con algunas
contradicciones ya que el estilo no desafía la transparencia,
sino que juega con un sentimiento de ilusión del mundo.
En Je pense à vous,
por ejemplo, los hermanos Dardenne recurren sistemáticamente
a una serie de planos generales de las fábricas siderúrgicas
emplazadas junto al río. Estas imágenes no hacen
otra cosa que insistir en la auténtica naturaleza del
decorado. Las fábricas se alzan como edificios en ruina
y su silueta refleja el origen de la problemática:
la crisis moral es producto de la crisis económica.
En los títulos de créditos nos encontramos con
la banda sonora de Wim Mertens que intenta enfatizar las imágenes
y que, posteriormente, subrayará los efectos emotivos
de algunos momentos de la película.
La narración es omnisciente y el contraste entre la
angustia de la mujer –Fabianne Babe-, el desarraigo
de los hijos y la pérdida de dignidad del marido crea
un efecto dramático que puede desembocar en el melodrama.
A partir de La promesse, los Dardenne deciden vaciar
y depurar todos los elementos que acentúan este realismo
de la transparencia, hasta llegar a llevar a cabo un auténtico
tour de force estilístico en el tándem
formado por Rosetta y Le fils. Los planos generales desaparecen
de la puesta en escena ya que la figura eclipsa el decorado.
La música desaparece como trasfondo diegético,
la identificación con los personajes es imposible y
nunca encontramos la más mínima apoyatura sentimental.
Las acciones se encuentran marcadas por la fisicidad de los
cuerpos y el ritmo de la película está sujeto
a una depuración absoluta entre el movimiento de los
actores y la capacidad de la cámara para atrapar su
respiración. El campo cinematográfico se transforma
en un escondite del que surgen destellos de realidad ya que
la nueva misión del cine de los Dardenne es la de crear
vida, seguirla y dejar que esta se manifieste.
El paso del realismo de la transparencia hacia ese realismo
de la depuración estilística es básico
para comprender todo el cine de los Hermanos Dardenne, ya
que la grandeza de su obra surge del deseo
de superar los errores, de la etapa anterior. En el diario
de Luc Dardenne este factor queda perfectamente evidenciado
cuando después de la segunda semana de rodaje de La
promesse consideran:
<<Nous avons l’impression de réaliser un
premier film. Nous nous rendons compte à quel point
l’échec de Je pense à vous a été
salutaire. Sans lui, nous n’aurions jamais vécu
la solitude qui nous a permis de nous poser la seule question
qui contiene toutes les autres: où mettre la caméra?
C’est à dire: qu’est-ce que je montre?
C’est à dire: qu’est-ce que je cache? Cacher,
c’est sans doute le plus essentiel>> 15.
La cita es muy clarificadora, por un lado es preciso romper
con un modelo de realismo basado en la mostración,
por otro es preciso emprender un camino hacia una concepción
de la realidad más
cerrada, en la que el campo visual no sea transparente, sino
que se transforme en un escondite que contenga la ambigüedad
del mundo y acabe revelando alguna cosa esencial. Lo importante
es
encontrar el camino que conduzca hacia la imagen justa, hacia
una idea de mundo en el que la imagen no sea ilusión
sino el deseo de revelación de una verdad oculta.

1
-
György Lukacs. Estetica. Torino: Einaudi, 1970.
2 - Antoine Compagnon. Le demon de la théorie.
Littératura et sens commun.
Paris: Seuil, 1998, p. 108.
3 - La reflexión sobre la imagen fotográfica
y cinematográfica se centra en la imagen analógica
y en el modo como ha creado unos determiandos modelos de realismo.
Esta fenomenología de la imagen ha sufrido una profunda
transformación en los últimos años con
la irrupción de la imagen digital, que genera una especie
de hibridación entre representación y reproducción.
El autor ha desarrollado estas cuestiones en otros textos.
Ver: Àngel Quintana. Virtuel? À l’ère
du numérique, le cinéma est le plus réaliste
des arts. Paris: Cahiers du cinéma, 2008.
4 - Georges Didi-Huberman. La ressemblance
par contact. Paris: Editions de Minuit, 2008. p. 121.
5 - Erwin Panofsky, “El estilo y el
medio en la imagen cinematográfica”. En: Erwin
Panofsky, Sobre el estilo tres ensayos inéditos. Barcelona:
Paidós, 2000.
6 - Reflexión de Pier Paolo Pasolini
citada en Maurizio Viano, A certain realism.
Making use of Pasolini’s film theory and practice. Berkeley:
California University Press, 1993, p. 69.
7 - Las imágenes y textos de Histoire(s)
du cinéma de Jean Luc Godard han dado lugar a una edición
bibliogràfica en cuatro volúmenes. La cita de
Toutes les Histoire(s) aparece en: Jean Luc Godard, Histoire(s)
du cinéma, vol I. París: Gallimard/Gaumont,
1999. p. 138.
8 - Gilles Deleuze, L’image-temps.
Cinéma 2. Paris: Editions du minuit, 1985. p. 13.
9Nicht Versöhnt (Non reconciliés, 1965) es el
título de una de las obras claves de Jean-Marie Straub
y Danielle Huillet. Serge Daney utiliza este título
para plantear una reflexión sobre la modernidad del
cine. Ver: Serge Daney, La Rampe. París. Cahiers du
cinéma/ Gallimard, 1996, p. 79.
10 - Luc Dardenne, Au dos de nos images.
1991-2005. Paris: Seuil, 1995, p. 110.
11 - Siegfried Kracauer. Theory of Film.
The Redemption of Physical Reality. New York: Oxford University
Press, 1960.
12 - Gertrud Koch, Siegfried Kracauer. An
Intrroductrion. Princenton: Princenton University Press, 2000.
p. 95.
13 - Luc Dardenne. Au dos de nos images.
1991-2005. Paris: Seuil, 2005, p. 62.
14 - Luc Dardenne, Au dos de nos images.
1991-2005. Paris: Seuil, 2005, p. 22.
Por
Angel Quintana
Publicado en Diccionario Revista de Letras nº 10
Edición Internacional
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